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Bucarest

La expectativa de vida en Rumania es una de las más bajas de Europa y en las regiones más contaminadas de Transilvania es aún más baja, llegando apenas a los 61 años.
Las enfermedades que causan más muertes en el país son las cardíacas, cerebro-vasculares y respiratorias, junto al cáncer.
La población total es de 22.271.839 habitantes, con una densidad de 94 habitantes por km2. Es uno de los pocos estados europeos con crecimiento demográfico negativo (-.21 %. Y esto se debe a la tasa de crecimiento vegetativa sumamente baja, unido a la alta tasa de emigración, especialmente de la población más joven.
La región septentrional es la que padece mayores problemas de contaminación. Las emisiones de las plantas cementeras y de los generadores de energía tuvieron gran incidencia en el pasado para el aumento de las enfermedades respiratorias, elevando también las tasas de malformaciones de nacimiento.
La contaminación del agua aún es un problema grave y las obras de purificación resultan poco eficientes.
Sin embargo, la conservación de la naturaleza gana cada día nuevos adeptos y aumenta progresivamente la conciencia ambiental.
Rumania posee un clima continental con dos estaciones propicias para los cultivos. Las lluvias son moderadas y abundan en primavera y a comienzos del verano. Rara vez las fuertes lluvias de primavera destruyen las cosechas. El invierno suele ser muy frío y con nevadas.
El modelo social europeo, lógicamente adopta formas diferentes en los distintos países, pero todos los Estados miembro pretenden ser sociedades solidarias. Los ingresos fiscales contribuyen a financiar los sistemas de protección social (pensiones, sanidad y subsidios de desempleo) destinados a proteger a los miembros vulnerables de la sociedad. La cantidad empleada por habitante varía de un país a otro y por las distintas necesidades.
A medida que la población envejece una fuerza laboral menor debe sostener a un número creciente de ciudadanos mayores. Y para hacer frente a esta tendencia y mantener los gastos sociales bajo control, los países de la Unión se ven obligados a rediseñar sus sistemas de protección social. Es necesario modernizar el modelo social europeo a fin de preservarlo para las futuras generaciones.
Por otra parte, para mantener el tamaño de su población activa, Europa necesita una combinación de inmigrantes cualificados, aprendizaje permanente, más mujeres con empleo y más personas que trabajen a tiempo parcial después de la edad de jubilación. Y, por supuesto, que aumenten las cifras de natalidad.
En conjunto, Europa goza de un clima templado que favorece un medio adecuado a la agricultura. Pero las condiciones locales varían mucho de norte a sur y del clima más suave de las regiones costeras a los veranos cálidos y los inviernos fríos del interior.
El clima de Europa contribuye a su diversidad natural y a su productiva agricultura. Sin embargo, esto se ve amenazado por el cambio climático global, que supone un grave peligro para el planeta. La Unión Europea está trabajando a escala mundial para hacer frente a este problema.
Entre las causas de calentamiento del planeta están los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera por los vehículos de motor, las centrales eléctricas, las explotaciones agrícolas y las fábricas. Entre estos gases se encuentra el dióxido de carbono y el metano.
En virtud del Protocolo de Kyoto, que entró en vigor en 2005, la EU-15 está comprometida a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 8% antes de 2008-2012. Esta cifra comparada con la de 1990. Por este motivo los países han establecido un acuerdo de reparto de cargas conforme al cual algunos de ellos pueden aumentar sus emisiones, mientras que la mayoría de los Estados miembro económicamente más avanzados deberán reducir las suyas.