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ESPAÑA TAMBIEN EMÍGRO

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Re: ESPAÑA TAMBIEN EMÍGRO



http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/24671731113249506322202/p0000001.htm

Re: ESPAÑA TAMBIEN EMÍGRO



hola danielita, unas fotos y unos comentarios preciosos, pero creo q todos los españoles somos conscientes de nuestra historia y no tiene q venir nadie de fuera a recordarnosla.

con estos comentarios creo q te estas poniendo a la misma altura de los cuatro racistas tontos que escriben en los foros y eso no es digno de una moderadora de un chat como este.

a pasar un buen dia y disfruten de lo verdaderamente importante, la salud.

salud para todos.

ESPAÑA TAMBIEN EMÍGRO




Migraciones y memoria histórica
Enviado el viernes, 08 de septiembre de 2006 6:55

En ocasiones, más vale una imagen que mil palabras. El pie de foto reza así: "Imagen de los tripulantes de La Elvira a su llegada al Puerto de Garupano, Venezuela, en mayo de 1949".


Unos van y otros vienen. ¡Las vueltas que da la vida!

Los españoles también fuimos inmigrantes. Es más, también fuimos inmigrantes ilegales. En busca de un futuro mejor. España ha cambiado tanto, que hoy nos cuesta reconocernos en la mirada de esos otros, los que hoy vienen a nuestro país con idéntico propósito, con la misma historia a cuestas que, hace apenas unos años, portaron consigo millones de hombre y mujeres españoles. En torno al 50% de españoles emigraron de manera ilegal, y regularizaron su situación una vez en el país de destino. Con el tiempo progresaron y la sociedad que les vio llegar como trabajadores acabó por reconocerles como ciudadanos.

Lectura recomendada: VV.AA.: De la España que emigra a la España que acoge, Fundación Largo Caballero y Obra Social Caja Duero, Madrid, 2005, 660 págs.

Re: ESPAÑA TAMBIEN EMÍGRO



Introducción

Se cumple este año un doble aniversario relacionado con el masivo desplazamiento de poblaciones españolas fuera de nuestras fronteras. En 1939, hace ahora 60 años, cerca de medio millón de españoles -soldados del Ejército republicano vencido y grandes colectivos de población civil: ancianos, mujeres niños- se vieron empujados a cruzar los Pirineos o a cobijarse en el norte de África como consecuencia de los últimos episodios de la Guerra Civil.

En 1959, hace ahora 40 años, el Gobierno de Franco impuso un duro Plan de Estabilización que provocó la salida masiva de trabajadores españoles hacia los países más industrializados del continente: Francia, Alemania, Suiza, Bélgica, Holanda, Gran Bretaña. Cerca de dos millones de españoles nutrieron a lo largo de los años 60 la llamada emigración económica.

Los aniversarios son ocasiones propicias para ejercitar la memoria histórica y dar a conocer acontecimientos y situaciones que el paso del tiempo, y otras circunstancias más subjetivas, han tendido a desvanecer. Esos dos grandes flujos migratorios de los que se ocupa esta monografía, son episodios fundamentales de la historia de los españoles en este siglo, acertadamente llamado el «siglo de los refugiados», y como tales deben ser conocidos.

La tragedia de 1939, cuando las democracias europeas decidieron, en nombre de la no intervención, sacrificar a la joven República española, ofreció al mundo las imágenes del éxodo español hacia la frontera francesa: interminables filas de camiones y columnas de refugiados, integradas por mujeres, niños, ancianos y soldados, protegidos con mantas del frío del invierno. Son imágenes que se parecen demasiado a las que en esta primavera de 1999 se han producido en Kosovo, territorio europeo en el que se han sufrido los mayores padecimientos infligidos a una población después de la II Guerra Mundial.

España: 1939; Kosovo: 1999. Imágenes similares de situaciones diferentes. Las interminables caravanas de refugiados republicanos españoles eran ametralladas por la aviación franquista mientras avanzaban penosamente hacia la frontera. Y una vez en Francia, país de larga tradición hospitalaria, los refugiados españoles eran recibidos, sin embargo, con predominante hostilidad, e internados en campos a la intemperie rodeados de alambradas y custodiados por tropas coloniales armadas. Hoy la Comunidad Internacional afortunadamente mantiene actitudes de intervención frente a la barbarie, y de solidaridad, protección y ayuda hacia los refugiados kosovares.

La masiva emigración económica de los años 60, desencadenada por el Plan de Estabilización de junio de 1959, arrojó, en condiciones de precariedad y de escasa o nula protección oficial, más allá de nuestras fronteras, a cerca de dos millones de trabajadores. Fue un éxodo que llenó las estaciones de ferrocarril de trabajadores con viejas maletas, espoleados por la esperanza de encontrar más allá de las fronteras nacionales un puesto de trabajo y un salario digno que España no les ofrecía.

Fue una aventura que marcó a toda una generación de trabajadores que, a pesar de todo, encontró en la Europa industrializada situaciones no siempre negativas.

Este Cuaderno aborda ambos episodios de manera necesariamente reducida pero con testimonios y trazos narrativos que espero permitan al lector una aproximación certera a lo realmente acontecido.

Las imágenes, procedentes de los archivos de la Agencia EFE, que ilustran esta monografía permiten una visualización de los dramas descritos.
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Poblaciones desplazadas: una constante histórica

La historia de la humanidad muestra que el desplazamiento de poblaciones como consecuencia de guerras, limpiezas étnicas, persecuciones políticas o religiosas, hambrunas, comercio de esclavos, conquistas, cautiverios o colonización, ha sido una constante a lo largo de los siglos.

El sedentarismo apareció en la historia de la humanidad a partir de la invención de la agricultura, pero en cualquier época, de manera forzada o pacífica, en la mayoría de los pueblos ha habido importantes sectores de población que se han visto forzados a emigrar en condiciones más bien penosas.

Esas migraciones han sido, a veces, precipitadas huidas de colectivos humanos, incluidos ancianos, mujeres y niños, llevando consigo poco más de lo puesto, un hato improvisado, una maleta en la que se ha metido lo imprescindible, un colchón, una manta, escapando de masacres que llegaban pisándoles los talones. Recuérdese la tragedia de los boat people vietnamitas de la década de 1970. O las imágenes bíblicas del medio millón de hutus huyendo en la región de Los Grandes Lagos, en África, en el otoño de 1996, transmitidas por todas las televisiones del mundo. O los más de novecientos mil refugiados que en marzo, abril y mayo de 1999 huyeron de Kosovo hacia Albania, Macedonia o Montenegro ante los asesinatos, vejaciones e incendios de sus casas por parte de las fuerzas serbias1.

Otras veces la emigración se produce tras el reclamo de promesas de prosperidad, en busca de trabajo y de unas condiciones de vida que no se tienen y que se envidian. La imagen de la Europa desarrollada y próspera viene actuando desde hace varias décadas como señuelo e imán para muchos. Todavía permanecen en nuestras retinas la imagen de los emigrantes albaneses hacinados en un buque llegando, famélicos, a las costas italianas de las que eran rechazados. Esa atracción la ha ejercido Europa sobre las poblaciones de Europa del sur -españoles, italianos, portugueses, griegos, turcos- y la ejerce ahora especialmente sobre los africanos, muchos de los cuales, sobre todo los jóvenes, se juegan la vida por llegar a ella como emigrantes. Sus precarias condiciones de vida en países subdesarrollados les empujan a protagonizar unos desplazamientos   -8-   que solamente podrían calificarse como voluntarios desde una perspectiva cínica.

España ofrece el ejemplo clásico de un país de emigrantes. Es bien sabido que hemos padecido frecuentes éxodos a lo largo de nuestra historia. El punto de partida de esos destierros, siempre traumáticos, se produjo el emblemático año 1492. El 31 de marzo de dicho año los Reyes Católicos firmaron el decreto de expulsión de los judíos. Unos 165.000 judíos2, tan españoles como el que más ya que llevaban quince siglos asentados en la Península, tuvieron que cruzar las fronteras hacia el exilio. Aquella fue una de las primeras «limpiezas étnicas» de la historia.

A ese primer destierro siguieron otros.

A principios del siglo XVII, entre 1609 y 1613 fueron expulsados los moriscos. Según los historiadores, los expulsados fueron no menos de 300.0003. En su inmensa mayoría eran campesinos y artesanos: herreros, albañiles, carpinteros, sastres, cultivadores de gusanos de seda, alfareros... Fue un nuevo paso de «limpieza étnica», en nuestro país.

En el siglo XVIII fueron expulsados los jesuitas durante el reinado de Carlos III. Los desterrados fueron unos 4.000.

En el XIX se sucedieron varias tandas de emigraciones, la mayoría de ellas de signo político, al ritmo de los vaivenes y convulsiones de tan agitado siglo. En junio de 1813, tras cruzar el rey José Bonaparte los Pirineos de regreso a Francia, los afrancesados que habían acatado y apoyado a dicho monarca, fueron declarados traidores por los patriotas de Cádiz y tuvieron que exiliarse a Francia. Su número fue de 10.000 a 12.000. En su mayoría eran militares partidarios del rey José y una parte considerable de la intelectualidad de la época (Meléndez Valdés, Moratín, Manuel Silvela, Lista...).

Al año siguiente, en 1814, se produjo otra emigración política. Esta vez los que escapaban al exilio eran los liberales contra los que Fernando VII desató una persecución feroz.

En 1823 tuvieron que huir al extranjero de nuevo los liberales para escapar otra vez de la represión absolutista.

El siglo siguió avanzando y arrojando fuera del país en sucesivas oleadas a los perseguidos de turno. Las tres guerras carlistas acarrearon los correspondientes exilios. La primera guerra carlista terminó en 1939 con el Convenio de Vergara. Unos 28.000 carlistas se negaron a aceptar el acuerdo y se expatriaron. En 1848 Cabrera regresó a España y reanudó la lucha en el Maestrazgo que duró solamente unos meses, al cabo de los cuales hubo también una pequeña emigración. La tercera emigración carlista tuvo lugar en 1876 después de cuatro años de lucha.

Los progresistas y demócratas y los republicanos también tuvieron que exiliarse. Los primeros en 1866 tras el fracasado levantamiento del general Prim. Los republicanos, en 1874 al producirse la restauración monárquica.

Sin embargo, esta serie de sucesivos exilios del siglo XIX, con ser políticamente significativos y siempre dramáticos -Larra dijo que en su época ser liberal era ser emigrado en potencia- no llegaron a tener la envergadura y los tintes trágicos que tuvo el exilio provocado por la Guerra Civil de 1936-1939, como veremos en las páginas siguientes.

A su vez se produjeron emigraciones «económicas» a lo largo de todo el siglo XIX. Migraciones que continuarían en el siglo XX, con gran intensidad en algunos períodos. Hasta el año 1860 se calcula que salieron algo más de 200.000 emigrantes de España hacia América (fundamentalmente gallegos, canarios, asturianos y catalanes). Entre 1860 y 1969 abandonaron España cerca de 2.500.000 habitantes que se radicaron definitivamente en América4.

Esa emigración española por razones laborales a América tuvo su más importante cresta en los primeros años del siglo XX. Más de un millón de personas se lanzaron a hacer las Américas entre 1904 y 1913. La mayoría seguían siendo gallegos, canarios, asturianos y cántabros, deseosos de promoción social inalcanzable en regiones con fuertes excedentes de población rural. Estos emigrantes se establecieron fundamentalmente en Cuba, Argentina, Venezuela, Brasil y Uruguay. Hay que tener en cuenta que algo más de la mitad de los que partieron regresaron a España.

Las migraciones masivas hacia América no sólo procedieron de España. Ni tan siquiera sólo de los países de Europa del Sur, como Italia (país emigrante por excelencia del que 9 millones de habitantes se dirigieron a ultramar, incluido los Estados Unidos, en el período   -10-   1876-19255), Portugal o Grecia. También países hoy prósperos como Alemania o Gran Bretaña nutrieron fuertes corrientes migratorias el siglo pasado. Entre 1800 y 1930 abandonaron Europa hacia las americanas tierras de promisión, del Norte y del Sur, más de 40 millones de personas. El 88 por ciento de esos emigrantes hasta 1860 fueron ingleses y alemanes que se dirigían hacia las ricas tierras de América del Norte6.
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Salida para Australia de 200 emigrantes españoles desde el puerto de Barcelona, en mayo de 1961.

Entrado el siglo XX, el golpe de Estado del general Primo de Rivera, en septiembre de 1923, provocó una emigración política de pequeñas dimensiones pero cualitativamente importante por el perfil público de las personas a las que afectó: Santiago Alba, ex ministro liberal, Francesc Maciá, jefe del nacionalismo catalán, Miguel de Unamuno que escapó de la isla de Fuerteventura en la que había sido recluido por haber publicado una carta adversa al dictador en un periódico de Buenos Aires, José Sánchez Guerra, ex presidente del Consejo de Ministros, que se expatrió voluntariamente, Manuel Núñez Arenas, fundador de la Escuela Nueva para obreros y uno de los primeros incorporados a la Tercera Internacional, y Joaquín Maurín.

A muy grandes rasgos estos son los precedentes, los más significativos, de las dos grandes corrientes migratorias españolas de este siglo sobre las que se centra esta monografía: la provocada por la Guerra Civil de 1936-1939 -más de medio millón de exiliados-, y la llamada emigración económica de las décadas de los 50 y 60 -cerca de dos millones de trabajadores españoles que se desperdigan por la Europa industrializada.

Entre una y otra emigración española, Europa, sacudida por la Segunda Guerra Mundial, conoció espectaculares desplazamientos de poblaciones empujadas por la furia de los acontecimientos bélicos y de las persecuciones políticas y racistas. Millones de judíos fueron deportados y enviados a los campos de exterminio. Millones de trabajadores de toda Europa fueron llevados a trabajar a Alemania, de grado o a la fuerza. Alemania tenía ya en 1939, cuando hacía un esfuerzo de producción precedente a la guerra, medio millón de extranjeros. Hacia 1944 trabajaban en Alemania 7.500.000 extranjeros, gran parte de ellos reclutados entre los prisioneros.

Iniciada la guerra, se produjo la huida de millones de polacos y la desbandada de los rusos ante el avance alemán en su territorio. En las últimas fases de la guerra se produjo el éxodo de diez millones de alemanes ante el avance de los Aliados.

Durante la posguerra tuvieron lugar otras migraciones masivas. Entre 1945 y 1950 doce millones de personas procedentes del Este llegaron a las cuatro zonas alemanas ocupadas por los Aliados. Luego se produciría el milagro alemán y con él la sistemática demanda de mano de obra extranjera a la que se debe que más de cinco millones de extranjeros residan legalmente en Alemania.

Los movimientos migratorios han continuado en estos últimos años. En África, en Asia, en América, en la misma Europa. La presión migratoria del continente africano y del asiático es últimamente creciente. La opinión pública española lo sabe bien por las reiteradas imágenes de las «pateras» repletas de africanos que cruzan el Estrecho intentando introducirse ilegalmente en territorio europeo con alto riesgo para sus vidas que no pocos de ellos llegan a perder.

Riadas humanas procedentes del centro de África han elegido Marruecos como zona de paso hacia España y la opulenta Europa. El campamento de inmigrantes de Calamocarro, en Ceuta, alberga a varios miles de inmigrantes llegados de Camerún, Guinea, Senegal, Nigeria, Sierra Leona, Angola, Zaire, Etiopía, Sudán y Eritrea que esperan el momento oportuno para introducirse en Europa7.

Las cifras de emigrantes en Europa son importantes: Europa occidental cobija en la actualidad más de 20 millones de inmigrantes legales procedentes de otras latitudes. Pero estas cifras pueden verse fuertemente incrementadas en el futuro. Algunos observadores sostienen que a la vista del fuerte aumento de la población mundial y del estado de subdesarrollo y pobreza en que se encuentra una buena parte de ella, hasta el momento tan sólo se ha puesto en movimiento una parte ínfima del potencial migratorio y que, por lo tanto, las grandes corrientes migratorias propiamente dichas todavía no se han iniciado8.






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Los exiliados de la Guerra Civil

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Los cinco exilios del 36 al 39

Durante la Guerra Civil de 1936 a 1939, al compás de las vicisitudes de los acontecimientos bélicos, se produjeron cinco movimientos migratorios de desigual envergadura pero siempre muy dramáticos.

El primero de todos ellos se produjo el verano de 1936 al caer Guipúzcoa en poder de los sublevados. En los primeros días de septiembre cayó Irún tras una resistencia desesperada. Las tropas de Franco entraron en una ciudad abandonada por sus habitantes e incendiada por sus defensores. Ese día comenzó el primero de los éxodos que sufriría el pueblo español en esos tres fatídicos años. Miles de mujeres, niños y ancianos, atravesaron la frontera llevando consigo algunos enseres. San Sebastián caería pocos días después, el 15 de septiembre por la tarde. Cuando entraron los franquistas la mayoría de la población había evacuado la ciudad.

De 15.000 a 20.000 españoles vascos huyeron a Francia. Muchos lo hicieron por mar desembarcando en San Juan de Luz y en Bayona. A los pocos días de su huida unos diez mil de esos refugiados regresaron a la zona republicana, por Cataluña. Unos pocos regresaron a la misma Guipúzcoa donde habían quedado sus familias. Quedaron en Francia como refugiados de guerra unos cinco mil9.

El segundo de los exilios republicanos afectó ya a unas 125.000 personas. Se produjo a raíz de la victoria de las tropas franquistas en el Frente Norte entre los meses de marzo a octubre de 1937. A la caída de Bilbao (19 de junio), Santander (26 de agosto) y Asturias (Gijón fue tomada el 27 de octubre), se produjo una fuerte desbandada hacia Francia. Se calcula que dos tercios de los fugitivos procedían del País Vasco10.

La mayoría de los españoles evacuados a lo largo de 1937 permanecieron en Francia solamente unos días o varias semanas. Las autoridades francesas les estimulaban a que regresasen a España, a la zona de su elección, lo que muchos hicieron. Una parte de ellos, sin embargo, permaneció en Francia o fueron llevados a otros países europeos o a América hacia donde embarcaron a finales de octubre de 1937 pequeños grupos de vascos en edad militar.

Re: ESPAÑA TAMBIEN EMÍGRO



Hola “danielita”. En primer lugar felicitarte por la labor que estas haciendo en este foro y en segundo lugar, agradecerte la traducción que me hiciste de unos versos. Versos que son de un poeta rumano -  Varujan Vasgonian- los encontré en una pagina de Internet traducidos al castellano, pero me fue imposible encontrarlos en versión original, como me gustaron quería regalárselos a una amiga de Rumania que habla bien el castellano pero no lo lee y por ello recurrí a este foro.

Es de agradecer tu interés por la historia de este país, aunque de su lectura se desprende un cierto aire de reproche por determinadas actitudes de lo que alguno de vosotros toma por racismo, que en realidad no lo es.
Más adelante intentare explicarte mi visión de estas conductas, que en ningún caso son racistas, ya que para ser racista uno tiene que pertenecer a una raza determinada (judío, gitano, ario, etc..) y como comprenderás nadie en este país puede pensar que pertenece a una raza más o menos pura, mixta o tipificable

España es un país, con vocación de emigrante, a lo largo de nuestra historia moderna, desde el descubrimiento de América, siempre ha existido una tendencia a la emigración, que además ha estado favorecida y potenciada por circunstancias económicas, políticas y/o religiosas.
Pero además y sobre todo, hemos sido un país de acogida, desde los tiempos de los fenicios, pasando por romanos, godos, árabes, judíos, etc….largos periodos de la historia de este país han estado en esa dinámica, donde ha predominado la mezcla de culturas.
Ha sido justamente en esos periodos donde este país ha dado lo mejor de si mismo, cuando más aportaciones ha hecho a la cultura universal, ha sido en los periodos en los que ha sido un pueblo multicultural.
Por el contrario, cuando las paginas han sido más negras, los errores mas acusados, las brutalidades mas profundas, han sido en los periodos en los que nos hemos quedado solos, el ejemplo mas claro en la historia del siglo XIX y XX hasta nuestra guerra civil. Hay un libro en el mercado que no he leído – ni pienso- pero cuyo título es “Si oyes hablar mal de España, seguro que es un español”.  En parte este título resume una tendencia profunda del carácter español ya que para tomar conciencia de lo que significa este país hemos de ser emigrantes y ver la realidad desde la lejanía o hemos de verla a través de los ojos de otros. Da la sensación que con la cercanía y en la soledad, se agudice ese sentimiento cainita que tantas barbaridades nos a llevado a cometer y que afortumnadamente parece haber desaparecido en esta nueva generación, esa que llaman la “generación de la democracia”( los nacidos a mediados de los años 70)

Por ello, cuando en las noticias aderecen sucesos que evidencian actitudes xenófobas o racistas, en realidad no son más que la expresión del miedo a la pobreza, ten en cuenta que no hace tanto tiempo que este país tenia una renta percápita muy inferior a la de cualquier país europeo.
No hace mucho que he pasado la línea de los 50 años y mis recuerdos de niñez, es el de un país, en si bien no se pasaba hambre, si que la necesidad de sobrevivir creaba una atmósfera social que vista desde la perspectiva de hoy parece la de un país de la edad media, donde predominaba la dureza en las costumbres y en las relaciones sociales.
Por ello, es hasta cierto punto normal que todo lo que nos recuerde aquella época nos asuste y nada como la visión de la pobreza para meternos en ese túnel del tiempo que nos lleva a la España de los 40 -50. Cuando vemos pobreza a nuestro alrededor, vemos esa época de nuestra historia y créeme que nadie en su sano juicio quería volver a pasar por ahí. Me imagino que al igual que vosotros no tendréis ningún deseo de volver a pasar por la reciente historia de tu país.

No trato de justificar alguno de los hechos vergonzosos que en estos años se han dado con compatriotas tuyos, pero si te puedo asegurar que son hechos puntuales, cometidos por sujetos para los que la brutalidad es la única forma de expresión de sus miedos y fantasmas.
Por el contrario, la inmensa mayoría de las personas de este país, sabe que os necesitamos, a vosotros, a nuestros primos los sudamericanos y a los vecinos de Marruecos; que en la medida en la que seamos capaces de canalizar todo este esfuerzo habremos contribuido a crear un futuro mejor para todos nosotros. Y más aun, creo de verdad  que de lo contrario no habrá futuro, ni para unos ni para otros, ya que la sociedad del futuro o es una sociedad multicultural y étnicamente mixta o no lo será.

Perdona el ladrillo, pero tenia necesidad de contarte algo que por otra parte tú ya debes de saber. Un abrazo



Kano



No solo los españoles/as fueron inmigrantes,sino que una gran mayoría de los españoles y españolas de hoy lo van a tener que ser si están dispuestos a sobrevivir en el futuro puesto que en España la muerte en vida es una constante diaria...


Re: ESPAÑA TAMBIEN EMÍGRO



No entiendo muy bien la referencia a "que en España la muerte en vida es una constante diaria...." En España la muerte es una constante histórica, ya que  somos un país que tradicionalmente ha rendido culto a la muerte y a la tragedia. Hemos sido un país gris, en el que ocasionalmente se han dado rasgos de genialidad, pero sobretodo, lo que nos ha salvado como país y como pueblo, ha sido la generosidad y sobretodo la generosidad con el extranjero. Además, no creo que nos costara ningún esfuerzo como pueblo, volver a rodar por el mundo, entraría dentro de los parámetros históricos “normales”; el sufrimiento lo pondrian las causas que nos hicieran recobrar el papel de emigrante.

Kano



Yo estoy encantado con la inmigración eslava,pero es que son una mínima parte,casi inexistente,España es un pais de inmigración negra,mora,sudamericana y oriental,es decir,gente con la que no tengo ningún interes en mezclarme ni me interesan lo más mínimo,por lo que irse a Escandinavia es la mejor opción.


Re: ESPAÑA TAMBIEN EMÍGRO



Pues tú mismo …….


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